Los corales de aguas profundas

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Los arrecifes de coral se asocian generalmente con los mares tropicales poco profundos. No obstante, recientes exploraciones oceánicas utilizando modernos sumergibles han revelado la existencia de amplios y diversos ecosistemas coralinos en la profundidad de los océanos.

Los corales de aguas profundas o de aguas frías son organismos que pertenecen al grupo de los cnidarios, donde se incluyen  las medusas, corales y anémonas, entre otros. Algunos de ellos pertenecen al grupo de los corales duros (Scleractinia), corales blandos (Octocorallia, donde se encuentran las bonitas gorgonias), corales negros (Antipatharia) o a los hidrocorales (Stylasteridae). Todos los corales de aguas profundas se caracterizan por no realizar ningún tipo de simbiosis con las zooxanthellas, lo cual los diferencia de los corales de las aguas cálidas superficiales. Las zooxanthellas son dinoflagelados (como aquellos que citamos en la entrada dedicada a mareas tóxicas) que participan en el proceso de fijación del dióxido de carbono disuelto que tiene como fin la síntesis de compuestos orgánicos ricos en energía.

A: Scleractinias y Gorgonias, B: Coral Antipatharia, C: Corales y esponjas de las Islas Aleutians, D: Gorgonia del Golfo de Alaska, Fuente: J M Roberts et al. (Science)

Los corales de aguas frías están restringidos a las aguas oceánicas con temperaturas de entre 4 y 12 ºC. Estas condiciones se manifiestan en aguas oscuras (~50 a 1000 m) en altas latitudes y a gran profundidad (incluso a 4000 m). Se han llegado a describir unas 800 especies de corales Scleractinia en este tipo de agua. Poco a poco se conoce más acerca de su biogeografía, la cual ha revelado datos interesantes como, por ejemplo, que la mayor diversidad de los corales de tipo Scleractinia se encuentra alrededor de las Islas Filipinas, así como que el mayor arrecife de coral frío se encuentra en aguas de Mauritania.

Distribución global de los arrecifes de aguas frías, fuente: J M Roberts et al. (Science)

Los arrecifes se desarrollan a partir del asentamiento de una larva de coral sobre un sustrato duro. A medida que el coral crece, los pólipos situados en posiciones anteriores mueren y el esqueleto será entonces vulnerable a la erosión por parte de organismos que se asientan en su superficie, tales como algunas esponjas. Los esqueletos erosionados son más frágiles y susceptibles a fracturas. Este proceso de debilitamiento y rotura es fundamental para el correcto desarrollo de la estructura de estos arrecifes. Los corales fracturados se depositan en el fondo formando extensos sedimentos que se convierten con el tiempo en depósitos fósiles, útiles para reconstruir su historia biológica. Los sedimentos son a su vez un buen emplazamiento para larvas de coral que inician así la construcción de un nuevo arrecife. La alimentación y supervivencia de estos corales está determinada por la materia en suspensión que les llega desde la superficie. Dependen mucho de la producción primaria superficial, por lo que suelen encontrarse próximos a la plataforma continental por la que discurre materia orgánica o en zonas con corrientes locales que permitan un input de nutrientes. Los detritus del fitoplancton superficial, los “fecal pellets” (aglomeraciones de excrementos de diversos organismos planctónicos como pequeños crustáceos) junto con la parte más pequeña del zooplancton (organismos heterótrofos incapaces de contrarrestar las corrientes y que dependen de ellas para su dispersión) son las fuentes más importantes de carbono para estas comunidades de corales profundos.


La integridad de estos frágiles arrecifes  se ve alterada, como ocurre frecuentemente, por acción del ser humano. La pesca de arrastre y la construcción de estaciones petrolíferas ejercen un fuerte impacto sobre estas comunidades de los fondos oceánicos. Además, el incremento del dióxido de carbono atmosférico también influye en la dinámica global de los océanos y sobre la biología particular de los corales. En concreto, los corales de superficie son organismos dependientes del dióxido de carbono que se transmite desde la atmósfera a través de su disolución en el agua superficial. Este compuesto es a partir del cual obtienen la energía necesaria para su subsistencia y crecimiento. La disolución de este gas en el océano determina globalmente un pH en el medio marino al que están habituados todos los organismos. Así, un incremento de la concentración atmosférica de dióxido de carbono implica un aumento de la disolución de este gas en el océano y, consecuentemente, disminuye el pH en los océanos. Este proceso se conoce como acidificación de los océanos, y es consecuencia del aumento de emisión de dióxido de carbono antropogénico. Se desconocen los impactos que puede tener esta acidificación sobre los corales de aguas profundas. No obstante, el efecto sobre los corales de aguas cálidas ya es evidente. Se observa una disminución en su tasa de calcificación (proceso que permite la construcción de los exoesqueletos de coral), siendo así los corales menos densos, más vulnerables a roturas y más fácilmente erosionables.

Proceso de disolución del dióxido de carbono atmosférico y acidificación del océano, fuente: Hoegh-Guldberg et al. (Science)

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