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La musola barbuda

Pues sí. Este ser con aspecto de lombriz aburrida a punto de bostezar con aletas que parece que le quedan grandes… es un tiburón. Un tiburón muy peculiar, como los que suelo traer por aquí, es verdad, pero éste es peculiar de un modo totalmente distinto. Me explico: los tiburones de que os suelo hablar normalmente tienen una serie de rasgos morfológicos bastante marcados que les confieren un carácter fuerte, distintivo. En cambio, con el de hoy ocurre exactamente lo contrario: es tiburón, si, pero como con desgana, porque, bueno, algo hay que ser en esta vida aunque no se quiera. Esqueleto cartilaginoso, cinco pares de aberturas branquiales laterales, sin vejiga natatoria, fecundación interna mediante órganos copuladores como los que se ven en la fotografía, etc… pues nada: un tiburón (tiene plumas como un pato, un pico como el de un pato, anda como un pato, hace “cuac” como los patos… por tanto, pues es un pato, qué se le va a hacer). Indudablemente, se trata del tiburón más soso de las más de 500 especies descritas hasta la fecha. No hay un solo rasgo destacable en toda su anatomía que llame nuestra atención, positiva o negativamente (como ocurre con los cerdos marinos, por ejemplo), que lo haga mínimamente interesante. Nada de nada. Más peculiar, imposible.

El nombre que le han puesto tampoco es muy allá. Soso pero efectivo, limitándose estrictamente a informar de lo que quiere informar, sin demasiadas alharacas: musola barbuda (Leptocharias smithii). “Musola” porque se parece mucho a las musolas (de hecho, algunos autores la han incluido en la misma familia, Triakidae); y “barbuda”, porque, a diferencia de éstas, presenta unos finos barbillones nasales… y ya está. Es tan sui generis este bicho, que han tenido que montar una familia exclusivamente para ella sola, la familia Leptochariidae. El orden al que pertenece sigue siendo el mismo, Carcharhiniformes.

Como los triákidos, la musola barbuda tiene un cuerpo alargado de tacto más o menos suave, boca grande con pliegues labiales relativamente largos, ojos ovalados con membrana nictitante (en la Leptocharias, bien desarrollada), dos aletas dorsales de tamaño similar (si bien la segunda un poquito mayor que la primera y situada en posición más adelantada que la aleta anal), ausencia de foseta precaudal, etc. Pero por otro lado, como acabamos de señalar, posee barbillones nasales y además sus dientes son pluricuspidados: una cúspide aguda e inclinada flanqueada por dos cuspidillas basales. Los dientes de los machos, particularmente los de la mandíbula inferior, suelen ser más largos que los de las hembras, y probablemente por un motivo bien lógico: para poder sujetarlas mejor durante la cópula (sosos, todo lo que quieras; tontos, algo menos).

Como veis, a ese cuerpo escuchimizado (en algunas guías se le dice “esbelto”), hay que unir una librea también bastante sosa: gris o pardo grisáceo uniforme tirando a claro en la zona ventral. De tamaño es poquita cosa. La longitud total máxima registrada ha sido de 82 cm.

En cuanto a su modo de reproducción, la musola barbuda es vivípara, con camadas de siete crías que posiblemente nacen en otoño (se han observado hembras grávidas frente a las costas de Senegal entre julio y octubre) tras un periodo de gestación de al menos cuatro meses. Por lo visto (otro rasgo peculiar) es que posee una placenta esférica que es única. Quién nos lo iba a decir en un bicho tan soso. Al nacer miden poco más de 20 cm, y alcanzan la madurez sexual en torno a los 55-60 cm, los machos, y ellas entre 52-55 cm.

Es una especie fundamentalmente litoral, de hábitos demersales en fondos poco profundos entre los 10 y los 20 m. El fango le chifla, por lo que no es difícil encontrársela frente a las desembocaduras de los ríos, revolcándose encantada mientras mastica un camarón. Pero contrariamente a lo que parece, su estructura corporal es la de una potente nadadora: hígado y cavidad visceral pequeños y fuerte musculatura. Vive en el Atlántico oriental tropical, desde Marruecos hasta Angola. Y la base de su alimentación la constituyen los cefalópodos y los crustáceos, aunque también consume pequeños peces y rayas.

Ya os digo. De tan sosa que es, la musola barbuda hasta resulta interesante, peculiar. Y simpática.

 

Datos del post

Fecha
julio 16th, 2012

Autor
Toño

Categoría

1 comentarios a “La musola barbuda”


  1. javi dice:

    jejejej tan sosa tan sosa pues un poco de sal que le echas tú si que resulta muy interesante.



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