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El simpático e inquieto petirrojo

Abunda en sotos, jardines, parques públicos y numerosos lugares donde la presencia humana es habitual. Venido de latitudes muy frías decide, con razón, invernar en lugares más cálidos. Su pecho y frente rojos dan nombre a este pájaro tan ensalzado en pasionales poemas otoñales, el resto de su cuerpo se recubre de un gris plomizo característico del estado adulto, al contrario de los juveniles, donde las tonalidades marrones son habituales.

Es muy normal fotografiar y grabar en video las andanzas de este saltarín en los jardines cercanos de casa, ya que el petirrojo se ha habituado y adaptado a las cotidianas actividades humanas, por lo que no siente miedo al ser enfocado y grabado a una relativa y corta distancia. Hoy, en este post, les presento al petirrojo, pero mi experiencia no es parecida a la de un fotógrafo y cámara de naturaleza, es, digámoslo, un poco más singular.

Transcurrían los días de febrero y por estas fechas el trabajo de poda del huerto ya está avanzado, con tan sólo una sierra de corte y unas tijeras se puede efectuar un competente trabajo, en eso estábamos, afanados en tal empeño, solos, porque a veces las cosas son así. Pero no soy justo al despreciar a mi compañero matinal, el cual con su llamativo pecho anaranjado daba algo de alegría al sudor y el dolor muscular, quise decir, sólo con mi guerrero anaranjado, inquieto y confiado.

No es que tuviera un imán atrayente de petirrojos pero a mi paso quedaban al descubierto numerosos insectos de la hojarascas o en mi imperfecta pisada algún limón dejaba al descubierto sus gajos sabrosos que al ave no tardaba en aprovechar para darse un banquete. No era el único oportunista y en décimas de segundo estaba grabando sus intrincados movimientos tras sacar de mi mono de trabajo la cámara de video. La confianza adquirida con los días entre agricultor y ave son palpables observando la cercanía de las imágenes y la relajación manifiesta de este colorido pájaro. Les presento unos fotogramas y el montaje a cargo de nuestro señor encargado de tan extenuante tarea, gracias Vicente, gracias AXENA y gracias a ti, petirrojo

Datos del post

Fecha
Septiembre 10th, 2012

Autor
Domingo

Categoría

7 comentarios a “El simpático e inquieto petirrojo”


  1. Gatopardo says:

    Hace dos mil años los petirrojos no eran así, tenían el pecho completamente gris.

    Estaba Jesús en la cruz y un petirrojo se posó en su cabeza y con el pico empezó a arrancarle las espinas que tenía clavadas para aliviarle el dolor y, al hacerlo, se manchó con la sangre.

    Desde entonces los petirrojos tienen el pecho del color que todos sabemos.

    Al menos eso es lo que dice la leyenda.

  2. xurxo says:

    No lo había escuchado nunca, pero desde luego suena más que razonable. No quiero saber qué hizo el pechiazul que tiene una franja naranja, otra oscura, otra azul y en medio una blanca…

  3. Gatopardo says:

    Ese pechiazul debió colarse en la aldea de los pitufos, je.je…

    Lo del petirrojo lo oí hace muchos años, no sé exactamente quien me lo contó, posiblemente mi abuela, a la que le daban mucho miedo las lechuzas y me decía que iban a beber el aceite de las iglesias.

    Aquí en Galicia, leyendas de animales, hay para dar y tomar.

    Ahora no hay tantas porque somos más urbanitas y tenemos luz eléctrica y televisión, pero nuestros antepasados, cuando no había ni siquiera luz en las calles, imagínate las historias que podían imaginar a la luz de la lareira.

    Eran otros tiempos.

  4. Toño says:

    Seguro que Patricio y Bob Esponja podrían dar con una buena explicación para lo del pechiazul.

  5. Paola says:

    ¡Qué bello post Domingo! Una vez más, las imágenes son increíbles, mil gracias por compartir, me has alegrado la tarde. Incluso el breviario cultural de Gatopardo en muy lindo. Saludos.

  6. Susana says:

    Qué bonitas imágenes, y envueltas con tus palabras aún más.
    Gracias por acercarnos a la naturaleza

  7. Domingo says:

    Hola Paola,Susana.Gracias por vuestras palabras,es una satisfacción ver como el encanto del petirrojo no pasa desapercibido.



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