El Verdecillo

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La corteza plateada del almez brilla como una nórdica armadura. La escarcha de hielo cubre fastuosamente la brillante hoja del limonero. El frío hiela y entumece sin compasión. Enero desgaja la luz lejana de los meses veraniegos….pero no puede silenciar el primer canto de un guerrero sencillo como el verdecillo.

Así es, estamos ante el más precoz cantarín de la degradada Huerta murciana. Cuando menos esperemos su llegada… aparece!

Es en los primeros días de enero en lo alto de algún almez o alguna antena metálica cuando vislumbraremos su pequeñita figura. Los  machos por estas fechas no se visten completamente con el plumaje dorado oro de su pecho, ni tan siquiera son abundantes y sólo algunos desafían con su regular trino a los rigores del invierno. Pero, ¿qué más le podemos pedir al verdecillo? Nada, sonreír y disfrutar del placer de recibir su visita.

Casi todos los nidos que he visto a lo largo de mi vida los colocan en una horquilla y  a media altura, casi siempre bien escondido y de tamaño diminuto. Porque todo es diminuto en este señorito…. excepto su encanto. Los huevos en número de 4-5, serán incubados durante 12-14 días hasta su eclosión, el desarrollo de los pollos es rapidísimo y en un par de semanas ya estarán volanderos.

Y sin darnos cuenta, nos encontramos en el mes de marzo envueltos por numerosos jóvenes  atrevidos y confiados. Con un plumaje  parecido al de la hembra y falto del colorido amarillo del macho de verdecillo.

Les presento las fotografías realizadas durante esos meses. He invertido la cronología, de tal manera, que la primera foto fue realizada a finales de Abril y la última corresponde a primeros de enero. Espero que este año venidero sea tan bueno como el pasado para nuestro querido compañero de jardín, el verdecillo.

Juveniles de verdecillo con apenas un mes y medio de vida.

 

Macho de verdecillo camuflado entre la ramas de un jazminero.


Macho de verdecillo dispuesto con su látigo a defender el abrevadero.


Hembra de verdecillo que tuve la suerte de sorprender comiendo semillas de herbáceas invernales.

 

Primer macho de verdecillo que tuve la alegría de fotografiar , a primeros de enero.

Santo de Monteagudo, monumento característico del paisaje en la huerta de Murcia.

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