Kakapo, posiblemente el loro más extraño y escaso del mundo

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Los seres humanos hemos diezmado las poblaciones de muchas especies animales hasta el punto de poder conocer a todos sus ejemplares por un nombre propio. Así, el 7 de septiembre de 1936 moría, en el zoo Hobart de Tasmania, Bejamin, el último lobo marsupial o tilacino, o Martha, la última paloma migratoria de Norteamérica, fallecida en el zoo de Cincinatti el 1 de septiembre de 1914 cuyas poblaciones, unas décadas antes, se contaban por miles de millones, o Celia, la última bucardo, encontrada aplastada por un árbol en el Parque Nacional de Ordesa en enero de 2000.

Algo parecido ocurre con el kakapo (Strigops habroptilus), un extraño loro de Nueva Zelanda, antiguamente tan abundante que, unido al hecho de que acostumbran a quedarse paralizados cuando presienten el peligro, se dice que los primeros exploradores europeos los cogían de los árboles “como si fueran manzanas” y del que hoy (abril de 2014) solo quedan 130 ejemplares. Son tan pocos que a todos les han puesto nombre: Alice, Cyndy, Esperance, Ben, George, Manu… son los últimos miembros de su estirpe, la última esperanza que queda para evitar la total desaparición de la especie.

Kakapo Sirocco
En la foto, Sirocco, uno de los 130 kakapos que quedan vivos en el mundo en abril de 2014, ha sido utilizado para dar a conocer al público la dramática situación de estos asombrosos loros y conseguir fondos para programas de recuperación de la especie.

 Un loro raro, raro, raro…

 El kakapo es el loro más pesado del mundo, los machos pueden rondar los 3,5 kg, es decir, un peso similar al búho real y se cree que pueden vivir hasta 90 años. Y no pueden volar. En Nueva Zelanda, hasta la llegada de los primeros seres humanos, los únicos mamíferos terrestres que había eran murciélagos. La ausencia casi total de depredadores, excepto algunas aves como la gigantesca, y también extinta en el siglo XV, águila de Haast, hacía que los kakapos pudiesen pasar en el suelo tanto tiempo como quisieran sin poner en peligro su vida con lo que fueron perdiendo la capacidad para alzar el vuelo.

Los kakapos son animales solitarios, solo se reúnen para aparearse. Pasan gran parte del día durmiendo y por la noche vagan por el bosque en busca de alimento. Recorren una y otra vez todo su territorio formando unos marcados senderos. Los kakapos crían cada 2-5 años, dependiendo de la cantidad de alimento. En la época de celo los machos, al anochecer, caminan, a veces durante varios kilómetros, hasta las colinas u otros sitios altos y desde allí empiezan a emitir sonidos que se oyen en varios kilómetros a la redonda (escucha el canto amoroso del kakapo) compitiendo entre ellos para intentar atraer a las hembras que, una vez fecundadas, cuidan a los huevos y a las crías solas. Por las noches, las mamás kakapos tienen que abandonar el nido durante varias horas para buscar alimento, quedando su progenie indefensa.

  

Kakapo sendero
Los kakapos no pueden volar, pero son grandes caminantes y escaladores. Todas las noches recorren los bosques creando marcados senderos.

 De miles a decenas…

Los kakapos, que en maorí significa “loro nocturno” eran una especie común en casi todas las islas de Nueva Zelanda. Su declive comenzó con la llegada de los maoríes que los cazaron por su carne y sus plumas, y también llevaron consigo ratas de Polinesia y perros, amenaza para la que ni los kakapos ni sus crías estaban preparados. Pero el ocaso definitivo se produjo en el siglo XIX con los colonos europeos que los cazaron con más insistencia todavía, aceleraron la destrucción de sus bosques e introdujeron nuevos depredadores como gatos, ratas y armiños o competidores de alimento como ciervos, todos estos animales también inocentes de estar en un lugar que no eligieron.

 A lo largo del siglo XX prosiguió el descenso implacable en la población de estos asombrosos loros que fueron exterminados en todas las islas. A principios de la década de 1970 se desconocía si quedaba algún kakapo vivo. Después de innumerables expediciones localizaron, en los siguientes años, un total de 18 ejemplares, pero la alegría inicial se vio empañada al comprobar que todos eran machos. Los últimos kakapos caminaban todas la noches desde sus lugares de descanso hasta lo alto de las colinas y desde allí cantaban durante horas y horas… pero no había ninguna hembra para responder a sus llamadas de amor. La especie parecía de nuevo abocada a la extinción.

Kakapo comiendo
Los kakapos suelen reproducirse en periodos de 2-5 años. Vinculan sus ciclos reproductores a la abundancia de alimento.

El pequeño milagro

En 1977 se produjo el milagro. Encontraron en la isla de Stewart (Sur de Nueva Zelanda), que había logrado mantenerse libre de depredadores importados como hurones y comadrejas, una pequeña población de unos 200 kakapos, hembras incluídas. Pero pronto se comprobó que la población de kakapos en la Isla de Stewart también se estaba reduciendo a ritmo vertiginoso provocada, principalmente, por la depredación de gatos asilvestrados. Hubo años en que la mortalidad de los kakapos monotorizados fue del 50%. La situación era tan desesperada que en 1987 los servicios de conservación de la naturaleza decidiron evacuar a todos los kakapos de Isla Stewart.

Huevo kakapo en incubadora
En la foto de marzo de 2014, aprovechando que la hembra había abandonado su nido para buscar comida, personal de la organización Kakapo Recovery extrajo uno de los dos huevos de esa puesta y lo trasladó, en helicóptero, desde la isla de Litlle Barrier hasta la isla de Codfish donde otra hembra estaba empollando un único huevo no fértil. Esto aumenta las posibilidades de que vivan los dos pollos.

 

Los planes de recuperación no estaban funcionando. Aunque los nuevos hogares de los kakapos estaban libres de gatos y armiños, no así lo estaban de ratas que, se comprobó, depredaban a las crías recién nacidas. En 1995 la población de kakapos tocó fondo de nuevo, solo quedaban vivas 51 aves. Se establecieron nuevos programas de reproducción con aumento de financiación y personal especializado que, de momento, han logrado frenar el declive.

En 2011 la población de kakapos subió hasta los 131 ejemplares. Sin embargo, la muerte de 7 aves y el hecho de no se produjese ni un solo nacimiento en 2012 y 2013 redujo la población a 124. En marzo de 2014 nacieron 6 nuevos pollos, los primeros desde el 2011, con lo cual, actualmente (abril de 2014) quedan vivos 130 kakapos en todo el Planeta, distribuidos en 3 pequeños islotes de Nueva Zelanda que, al parecer, están libres de depredadores, y están intentado habilitar otros islotes para que en el futuro puedan albergar algunos ejemplares.  En este escaso centenar de kakapos están puestas todas las esperanzas de la recuperación de una especie que, al igual que otras muchas, ha sido masacrada por culpa, única y exclusivamente, de los seres humanos.

Kakapo madre y crias
En la foto mamá kakapo con sus dos crías. En el poco más del centenar de ejemplares que quedan en el mundo reside la esperanza para la recuperación de la especie. Esperemos que algún día vuelva a haber tantos kakapos que sea imposible ponerles un nombre a cada uno.

2 Comentarios

  1. Lo cierto es q el hecho de reproducirse cada 2-5 años y que no vuelen pone muy difícil su salvación de la extinción.

    Pero yo no los veo muy curiosos son como loros con barba, jejejeje

  2. Evidentemente si los kakapos volasen y tuviesen mayores tasas de natalidad les reportaría más oportunidades de recuperación de la especie… Y la costumbre de los machos de subirse a un alto y cantar durante horas para atraer a las hembras también facilita su localización a los cazadores… Pero hay que tener en cuenta de que estos animales estaban perfectamente adaptados a su territorio de Nueva Zelanda, y sus poblaciones eran muy prósperas, hasta la llegada de los seres humanos.

    También hay que recordar que, por ejemplo, la paloma migratoria de norteamérica (Ectopistes migratorius), era tan abundante que se dice que sus manadas oscurecían los cielos, volaba muy bien y se reproducía con facilidad, y ello no evitó su extinción en pocos años, principalmente debido a la caza masiva.

    Los seres humanos puestos a destruir somos implacables. De hecho, es lo que mejor se nos da hacer.

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