La fría Alemania

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Ya había estado antes en Alemania, pero más al sur, nunca tan al norte. Esta semana pasada viajé hasta Berlín, al aeropuerto de Schönefeld donde cogí un tren que me  llevó durante unos 30 km hasta Postdam-Golm en dirección oeste. Me llamó mucho la atención todo lo llana que es la zona, y desde luego la dureza del invierno, si te fijabas todas las plantas están secas, quemadas, por la congelación sufrida días atrás en la última nevada (aquí llegar a -5 bajo cero es más o menos normal). Las palomas torcaces  bólidos incansables, parecen hacer caso omiso del frío y aparecían en cualquiera de los muchos árboles caducifolios que aparecían en el camino, robles, alisos, abedules… y algunos pocos pinos sueltos.

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Típico paisaje de un bosque alemán

Aún pegados a Berlín en el medio de un  seco maizal apareció ante mí algo muy revelador y que me indicó que aquí me lo iba a pasar muy bien. En medio del día, una  manada de ciervos en un campo abierto!! Así que la cosa prometía, me levanté de mi asiento y comencé a escudriñar el horizonte, para ver qué más animales podía distinguir  en medio de los bosques y los campos. Acostumbrado como estoy ahora mismo, a los rigores insulares de Mallorca, donde los animales se encuentran muy restringidos a determinadas zonas, aquí la sensación es diferente, en cualquier momento puedes encontrarte con algo muy interesante. Así que milanos, cernícalos, ratoneros, cuervos, cornejas y urracas salieron a recibirme en esta inmensa llanura agrícola salpicada por pequeños bosquetes.

MIlano real Berlin
MIlano real volando sobre los campos en Alemania, Berlín

Ayer fui hasta Berlín, a la estación central llamada Hauptbahnhoff, desde allí resulta muy cómodo visitar alguno de los sitios más conocidos de la ciudad. Como el Reichstag (Bundestag), el Parlamento del pueblo alemán y anterior sede del II Imperio Alemán. Un impresionante edificio neorenacentista de formas cuadradas que domina la plaza de La República.

Parlamento alemán en Berlín
Parlamento alemán en Berlín

La siguiente parada turística no es otra que la famosa puerta de Brandenburgo, mandada construir por Federico Guillermo II de Prusia entre 1788 y 1791 con 26 m de alto. Esta puerta imita la puertas de acceso de la Acrópolis de Atenas, y da acceso a la calle Unter den Linden (debajo de los tilos), donde se encuentran las principales embajadas de los países que ganaron la segunda guerra mundial.

Puerta de brandenburgo
La Puerta de Brandenburgo

La historia de esta ciudad se encuentra íntimamente ligada a una de las mayores vergüenzas de la humanidad como fue esta guerra sucedida hace ya más de 60 años. Esto no es mucho tiempo para olvidar los horrores  de la intolerancia y el racismo que campaban por el mundo en los regímenes de tipo absolutista de uno y otro color. Allí mismo, en aquella misma calle hace exactamente 80 años, los líderes nacionalsocialistas convocaban las tropas y al pueblo a un desfile espectacular, que tanto gustaba en la época, por cierto, un desfile que era el preludio del inmediato desastre humanitario que fue la segunda guerra mundial.

Puerta de Brandenburgo
Foto historica de la Puerta de Brandenburgo

Por esta misma calle, torciendo a la derecha a la altura de Friedrickstrasse, uno puede golpearse con la cultura industrial de Alemania, de sopetón, en una calle comercial con tiendas de ropa estilo Zara, Massimo Dutti… también te puedes comprar coches de la todopoderosa Volkswagen, aquí un auténtico símbolo de identidad y tecnología nacional de la cual están absolutamente orgullosos y no es para menos, desde luego, uno puede ver un Bugatti Veyron de un millón de euros con consumo mixto de 24 l a los 100 km, Bentleys Continental de 180.000 euros y ya cosas más normales como Golfs, marcas como Skoda y Seat… pero bueno todo eso mientras te compras unos pantalones…

Un bugatti veyron
Un maravilloso y bello Bugatti
Bentleys continental
El Bentleys continental que se mostraba

Desde allí, con la nevada que comenzaba a caer resultó muy recomendable, coger el metro, hasta Kochstrasse, a un punto muy famoso de la ciudad, el CheckPoint Charlie, en otras palabras uno de los pasos fronterizos entre las dos ciudades, el más famosos desde luego y llamado así porque era el C, que en el alfabético fonético de la Otan corresponde con “Charlie” (la a con alfa, la b con bravo…, sí, lo de las pelis americanas), aquí tuvieron lugar varias de las más espectaculares huidas de alemania del este, entre ellas, la primera muerte por intentar cruzarlo, la de Peter Fechter, que al intentar saltarlo fue abatido en la pelvis ante cientos de personas a ambos lados del muro, ante las cuales murió desangrado ya que ninguno de los dos bandos por miedo a provocar al otro permitió retirarlo para curarlo.

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Reconstrucción actual del CheckPoint Charlie, el puesto fronterizo americano.

Tras esta inmersión de nuevo en la postguerra y la guerra fría entre los dos ejes que en aquellos momentos luchaban por controlar el mundo, uno no puedo sino dirigirse hacia el mayor exponente de aquella locura. El muro de Berlín, ese infame montón de hormigón que dividía dos mundos, una ciudad y a cientos de miles de amigos y familias. En Mühlen Strasse allí podemos encontrar restos del Muro, ahora convertido en una galería de arte al aire libre (East Side Gallery).

Muro de Berlin
Bajo la nevada el muro de Berlín, una de las mayores vergüenzas del s. XX.

Aquí nos podemos encontrar con creaciones tan representativas de la época como la pintura llamada “El beso de la muerte” del autor Dimitri Vrubel (en la parte de abajo está escrito “Dios, ayúdame a sobrevivir a este amor letal“), una representación del famoso “beso” que se dieron el líder socialista de Alemania del Este, Erich Honecker y Leónidas Breznev líder de la URRSS durante el 30º aniversario de la República Democrática Alemana.

Beso comunista
Fotografía del beso ente Breznev y Honecker
breznev honecker beso
Fotografía del beso ente Breznev y Honecker ya en el muro

En esta parte final del viaje, la bajada de temperaturas anunciada hizo ya acto de presencia con un ligera y continúa nevada, los copos se arremolinaban entre todos los turistas que allí estábamos viendo los restos artísticos del muro que dividía al mundo. Por este día, era ya suficiente, el sentido común hizo que nos recogiéramos cual tejones en la madriguera, en nuestro caso en un típico pub alemán con cerveza de trigo, currywurst y un concierto de jazz.

La nevada continuaba y el paisaje de la fría Alemania se vuelve del gélido blanco de la nieve… pero eso será ya otro post.

3 Comentarios

  1. Algo me dice que habrá muchas cosas interesantes sobre este país, ya nos irás contando

  2. Esto es nada más que el principio… pena que la residencia no esté mejor orientada porque si no empezaba a poner comederos etc etc.. y la liaba gorda…
    de momento mañana iré a dar un paseo hoy se esperan mínimas de -12ºC…

  3. Siempre me han llamado la atención las primeras impresiones de la gente cuando recién llega a un lugar. Sucede que la curiosidad se vuelve continua, todo es nuevo y quieres conocerlo todo.. Sobre todo porque es cuando se reactivan los sentidos para captar hasta el mínimo detalle de los olores, colores, sabores, texturas, cultura, contexto, historia…

    Xurxo, tú ¡muy bien! Igual que Javi, seguiré pendiente de las historias de “Un gallego en Berlín” jaja Sólo un consejo: cúbrase bien del frío. :)

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