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En la boca del lobo (II)

La domesticación del lobo, el perro. Esto ha sido un hecho fundamental en la historia del hombre. El perro, descendiente del salvaje, odiado, temido y venerado lobo se convirtió en el mayor de los amigos, (quién lo diría!), la especie compañera y protectora del hombre por excelencia. Sin embargo, haber sido la fuente del origen de los perros no le valió para mucho: Durante los dos últimos siglos los lobos fueron exterminados de la mayor parte de los países occidentales de Europa. Pequeñas subpoblaciones aisladas permanecieron en el noroeste de la península ibérica, en los Apeninos en Italia, en Grecia y en ciertos confines remotos de la península escandinava. Curiosamente, estos lugares tuvieron como denominador común una menor industrialización y por tanto, poderío económico, densidades de población bajas y amplias zonas montañosas en comparación con Alemania, Francia, Suíza, Austria…
En España, a mediados del s. XIX la población lobuna se extendía por toda la península a excepción de Catalunya. La industrialización, el desarrollo económico y el empeño de la administración pertinente en eliminar todo tipo de alimañas de los montes provocaron el exterminio de miles de lobos durante los siglos siguientes.

Foto: ASCEL

Dos poblaciones principales aguantaron el exterminio en sus reductos del noroeste peninsular, y en el sur en Sierra Morena. En la década de los 70 los últimos lobos de Extremadura, en Sierra de Gata y de San Pedro, fueron abatidos. Y también por desgracia, en lo que a tan sólo unos años serían dos de los Parques Nacionales más famosos de España, en Andalucía, en Sierra Nevada en los peñascos de San Juan, cerca de la estación de esquí, y en Doñana, el parque nacional más famoso de España.
Así, la población lobuna del sur se queda reducida a unos 50-60 individuos repartidos entre las provincias de Jaén y Córdoba en Sierra Morena con gran peligro de extinción por culpa del furtivismo y problemas de cosanguinidad.

Hembra de lobo ibérico. Lobo en cautividad, LoboPark, Antequera.

En el noroeste, Galicia, Asturias, Castilla-León y norte de Portugal, la situación es diferente. A partir de los 70, la población eminentemente rural comienza una emigración hacia las ciudades de la costa, implicando una menor presión sobre los ungulados silvestres y el abandono de los terrenos de cultivo que permitiría  por sucesión ecológica que en algunas zonas volvieran los paisajes que les eran naturales. En la actualidad, en la península ibérica hay unos 254 grupos seguros y 68 probables (datos del congreso del lobo ibérico (Portugal, 2005), principalmente concentrados en el cuadrante noroccidental (Galicia, Castilla y León, Cantabria, Asturias y Norte de Portugal).

Esto supone la mayor población de lobo de toda Europa occidental (pero cuántos españoles han visto un lobo ?). Eso implica que el lobo desconfía, huye y teme al ser humano, contrariamente a todo lo que solemos leer en prensa y en las leyendas y cuentos populares. Ahora os lanzo una pregunta: ¿Creéis que los  países con poblaciones de lobos recuperándose aprovechan esta oportunidad para gestionar, proteger y conservar la especie?

Y qué respuesta se le da, a aquel pastor o gente de campo cuándo dice: ¿para qué vale el lobo?

Esto se lo escuché a un ganadero, y realmente es una buena pregunta, da que pensar. Y pienso en la falta de valores y de educación ambiental de nuestra sociedad. Obviamente, para él el lobo es un problema, y no le cabe en la cabeza que haya otra gente que opine que pueda tener algún valor…

Gracias a Rubén Portas e a Ascel pola súa axuda e colaboración.

Datos del post

Fecha
febrero 15th, 2011

Autor
xurxo

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