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Por el camino de Rota a Chipiona

Jamás había visto un litoral y lo que no es litoral tan destrozado por la mano del hombre como es toda esta zona de Cádiz. Lo que no es litoral son campos de cultivos extensivos como algodón, girasol… sin dejar lugar a nada que no sea cultivable. Olvidaos de buscar algo un poco “natural”. Así kilómetros y kilómetros hacia el norte ya sea tanto por Trebujena y Lebrija como por Jérez hasta Sevilla. A los lados sólo dos zonas excepcionales se salvan de esta agricultura y paisaje, Doñana al oeste y Grazalema al este. El litoral no está mejor. La especulación urbanísitica-playera-setentera ha dejado toda la costa salpicada de urbanizaciones,una población de 20.000 habitantes como Rota se convierte en 80.000 habitantes en verano. Y así buena parte de la costa andaluza y del levante español.

Sin embargo, al buen observador, pueden aparecer ante sus ojos verdaderas joyas de fauna y flora en un mundo tan y tan degradado. La riqueza de insectos en esta zona es muy considerable. Me tendré que dedicar durante meses al estudio de las mariposas nocturnas porque aquí las hay de todas las formas y colores, y eso sólo con dejar la puerta de la terraza abierta… Ahora mismo, escribiendo este post tengo alguna colocada en la pared de enfrente y otras dos revoloteando entorno a las bombillas…

Me centro. Saliendo de Rota, en la última glorieta, a la izquierda en dirección oeste sale un camino de tierra paralelo a la carretera de salida paralela a su vez a la base americana. Desde aquí se pueden apreciar diferentes huertos, campos, obras, escombreras… Y maravillas de la naturaleza una fauna muy interesante al lado de casa. Nada más empezar, una silueta conocida posada en un viejo poste de la luz me llamó la atención.

Aquel pequeño punto a la izquierda del poste, no podía ser otra cosa que un cernícalo si mi vieja y deteriorada vista no me engaña todavía…

Efectivamente, un cernícalo, concretamente un bonito macho. Éstos más pequeños que las hembras, y con la cabeza con una coloración azul muy característica a diferencia de las hembras que son completamente de color pardo.

El paseo parecía comenzar bien, no siempre se tiene la oportunidad de observar un cernícalo, y más aún! cazando! saltó del poste, flirteó una valla y agarró un pequeño gorrión que no lo vió llegar. El gorrión gritó desesperadamente, y los otros gorriones del bando cuando se recuperaron del susto, comenzaron a perseguir al cernícalo e increparle para que con suerte soltara a su presa. Pero no la hubo.

A mano izquierda diferentes huertas y descampados aparecen salpicados a lo largo del camino. En uno de ellos, una pequeña culebra se movió bajo mis pies. Una bastarda de este año, Malpolon monspessulanus, se agachaba entre la seca hierba y los terrones de tierra.

Juvenil de culebra bastarda, agachado entre la hierba se camufla a la perfección.

No las tenía yo todas conmigo, al respecto de cómo le podría ir a esta culebra, en un entorno tan lleno de chabolas y huertos, y las carreteras tan próximas… La respuesta la tenía a unos metros delante mía. Allí me apareció la piel de otra culebra, probablemente otra bastarda, de casi 1 metro!! Si llega a haber individuos tan grandes en ese descampado, es que mal no les va…

Muda de culebra de casi 1 metro, probablemente de otra bastarda.

Proseguí mi camino, hasta llegar a cinco grandes eucaliptos, sí, aquí aún con el clima más seco también los hay por todos los lados. Entre la hojarasca de los eucaliptos, otro fascinante evento me llamó la atención (hay días con suerte), ya comenté que esta era tierra de insectos, y uno de los más abundantes es un negro carabidae. Un escarabajo típico, (aunque no he sido capaz de identificarlo), más bien, un montón de ellos, intentando penetrar en un agujero y montándose los unos a los otros… Una orgía de artejos, antenas y élitros por doquier.. Que alguien me lo explique… debía de haber como una veintena, eléctricos, entusiasmados con lo que allí estaba sucediendo y que yo no alcanzo a comprender en profundidad.

Monta de escarabajos.

Tras esos eucaliptos decidí apartarme del camino, cara la izquierda para revisar otro descampado. Esta vez no fueron culebras lo que me llamó la atención, si no, libelúlas, un montón de especies diferentes se pueden observar en los alrededores de las marismas del Guadalquivir. Y aquella tarde, las llamadas flechas rojas Sympetrum sanguineum,  me dejaron fotografiarlas a placer.

Que algún odonatófilo me corrija, pero creo que esta es la flecha roja, un macho concretamente con esta coloración rojiza tan llamativa…

Desde atrás, estirando las alas y las patas preparándose para saltar…


Las hembras también son muy fáciles de observar aunque sus colores no sean tan llamativos como el de los machos:

Hembra de la flecha roja, Sympetrum sanguineum, con una coloración mucho más discreta.

Así que lo que se planeó como un paseo para estirar las piernas, en un breve tramo, se convirtió en unas dos horas de intensas sesiones fotográficas y más que interesantes momentos. Desde luego, uno no se puede esperar lo que puede ver de vida tan cerca de las casas y con ecosistemas absolutamente degradadados.

Datos del post

Fecha
octubre 7th, 2010

Autor
xurxo

3 comentarios a “Por el camino de Rota a Chipiona”


  1. Navarro dice:

    La verdad es que es una lástima que costas que podrían ser una maravilla medio ambiental sean escombreras o urbanizaciones, por desgracia, es algo que ocurre con mucha frecuencia en la costa española. Me alegro de que al menos aún se pueda encontrar algo en la zona y que tú nos lo muestres Xurxo ;)

  2. Darío dice:

    Sorprende la biodiversidad a pesar de lo degradado del paisaje. Una pasada al foto de “flecha roja”.

  3. xurxo dice:

    Sí, resulta muy agradable poder dar un breve paseo y ver tantas cosas ante un ambiente tan fastidiado. Los pesticidas, insecticidas, exceso de fertilizantes en el agua etc.. Aquí hacen mucho daño.



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