Salvadas por su enemigo

Foca Cangrejera en Isla Decepción. Foto: Miguel Ángel Otero Soliño
Cuando el mundo se industrializó las relaciones entre el hombre y la naturaleza mutaron y pasaron a ser trágicas, miles de especies desaparecieron en beneficio del progreso humano, en lo que es y sigue siendo una de las grandes catástrofes de la reciente historia de la humanidad.
El continente Antártico había permanecido ajeno a la exploración durante siglos, gracias a una combinación de impredecibles condiciones climáticas y un desconocimiento geográfico de sus tierras y recursos; pero el alto valor que alcanzaron pieles, carne y aceite durante el siglo XIX, hicieron que los cazadores de focas empezasen a mostrar interés por aumentar su área de campeo y muchas compañías dedicasen recursos en enviar expediciones en búsqueda de nuevas colonias más allá de Tierra de Fuego.
El éxito de aquellas campañas no solo logró dibujar nuevas tierras en el mapa, sino que borró de un plumazo a muchas colonias de focas, lobos y elefantes marinos, que fueron perseguidos con saña en busca de sus productivos cuerpos.
La moda de abrigos de piel hizo que las focas peleteras constituyeran un gran negocio y los cazadores buscaban constantemente nuevos emplazamientos, muchos de los cuales permanecían en secreto por motivos comerciales. De las distintas especies de focas sólo una se salvaría parcialmente de dicha persecución: la foca cangrejera (Lobodon carcinophagus).
La foca cangrejera es un phocido de tamaño medio, cuya dieta se basa principalmente en la captura de pequeños crustáceos, de ahí su nombre. La “cangrejera” tiene un cierto aire perruno, especialmente por la morfología de su cabeza y por sus gestos de amenaza, es frecuente verla en grupos encima de hielos flotantes y se caracteriza por un pelaje que entremezcla colores blanquecinos y cremas.
Pero lo más peculiar de la misma es que su cuerpo está lleno de magulladuras de mayor o menor magnitud, de hecho es incluso difícil encontrar alguna que no las tenga. Realmente se tratan de heridas de guerra, ya que al parecer tanto orcas como focas leopardo, atacan con violencia en las profundidades a la cangrejera. Uno se pone a pensar y resulta ciertamente inquietante la vida de esta foca, amenazada de continuo por estos depredadores de los mares.
Cuando el mayor depredador de la historia “el ser humano” descubrió la Antártida, todo el equilibrio de poder en el continente se vio truncado. Así focas, lobos marinos, pingüinos, elefantes marinos y ballenas redujeron drásticamente sus poblaciones y sólo las comunidades de focas cangrejeras se mantuvieron estables.
Al parecer los foqueros no mostraron interés por un mamífero cuyo pelaje contaba con tales daños y así, considerando que su valor en el mercado de la piel no iba ser muy alto, decidieron que era más rentable centrarse en otras especies y dejaron parcialmente en paz a las cangrejeras.
A la par la caza de ballenas a la par dejo un enorme excedente de krill, que fue aprovechado rápidamente como recurso por las cangrejeras; en consecuencia nos encontramos con la paradoja de que las llagas provocadas por sus depredadores fueron su salvoconducto para la supervivencia ante la llegada del hombre.
La foca cangrejera ahora es muy abundante pero probablemente de no acontecer este curioso hecho, quizás sus poblaciones hubieran sido totalmente diezmadas.
Las sangrientas dentelladas, resultado de cruentas batallas subacuáticas, probablemente salvaron a la especie de la extinción; por ello uno puede considerar que ciertamente las focas cangrejeras fueron SALVADAS POR SU ENEMIGO.














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Hummm.. lo que es la vida, andar hecha añicos y zarrapastrosa ha evitado que fueran cazadas casi hasta el exterminio como otras parientas.. Una historia que da que pensar. Felicidades meu y bienvenido!!
vaya…si es que al final no hay mal que por bien no valga!Bonita historia…
Bienvenido. Un post muy interesante, resulta curioso. Habrá que ver que consecuencias acabará teniendo la mano del hombre en un continente casi virgen.